En las provincias hay ruido por los contratos que quedan afuera de las comunidades y expectativa por lo que pueda pasar cuando se inicien los grandes proyectos del cobre. Desde CAPMIN, la cámara nacional, creen que llegará una estabilidad que dará trabajo a todos.
Los grandes anuncios de inversiones de la minería tienen a los proveedores de bienes y servicios esperando ingresar a los proyectos. El recuerdo de principios de los 2000, cuando iniciaron su camino las grandes minas metalíferas del país, hace que el actual contexto, con el RIGI y estabilidad macro, sea esperanzador.
Mientras tanto, en Salta y en San Juan aparecieron denuncias que alertaron sobre la presencia de empresas de otras provincias u otros países captando grandes contratos. Frente a un futuro auspicioso, la gran pregunta es quiénes podrán aprovechar el nuevo boom minero.
En la Cámara Argentina de Proveedores Mineros (CAPMIN) creen que llegará una etapa de estabilidad, con oportunidades para la mayoría. Pero para que ello suceda, advierten, será una condición la alianza entre los locales.
Manuel Benítez, presidente de la cámara, habló en exclusiva con Dinamicarg y explicó cuáles son las condiciones actuales que vive el sector de proveedores. En este ámbito hay empresas de todo tipo.
Desde las que venden productos y servicios que son específicos de la minería –como repuestos o reparación de la maquinaria o software para usar en los proyectos-, a las que ofrecen gastronomía, seguridad, comunicaciones, salud o hasta logística.
Esto se debe a que el sector extractivo requiere de casi todos los ámbitos de la economía. En un proyecto alejado, como son la gran mayoría de los mineros, debe montarse un campamento que funciona como una ciudad.
El sector extractivo requiere de casi todos los ámbitos de la economía. En un proyecto alejado, como son la gran mayoría de los mineros, debe montarse un campamento que funciona como una ciudad.
Para Benítez, hoy hay “una gran oportunidad en Argentina en un ámbito económico como es la minería, pero hay que tener paciencia”. El empresario de Abra Silver recordó los tiempos que tienen los proyectos actuales más importantes, que son los vinculados al cobre.
Vicuña, el más avanzado, lleva más de 20 años en exploración; Taca Taca, en Salta, supera la década; y lo mismo sucede con PSJ en Mendoza, pese a ser el de menor escala entre los 8 más importantes que tiene el país. El ejercicio de la paciencia en el sector minero siempre está asociado al ritmo habitual de la industria.

A esto se suma otra espera que, según el titular de CAPMIN, deberá tener en cuenta el sector: que los contratos y el trabajo se estabilicen. El empresario explicó que el futuro inmediato será de un crecimiento paulatino, luego explosivo y que finalmente “se estabilizará hacia adelante y permitirá un desarrollo permanente”.
Durante este proceso habrá un acceso heterogéneo a los contratos, también vinculado a que los proyectos irán escalonándose. Esto se debe a que la mayoría están en etapas distintas: mientras algunos ya tienen aprobados ambientales y sus factibilidades, otros están terminando sus exploraciones de recursos.
Un desarrollo que será en etapas
El foco está puesto en el cobre, con montos de inversión que van de casi 400 millones a 9.500 millones de dólares y en minas que tendrán actividad por décadas. Pero por ahora ninguno de los proyectos está activamente en construcción, precisamente el punto en el que la demanda de servicios y personal se duplica.
En el caso de PSJ en Mendoza, calculan que el pico será de 1.200 personas trabajando, mientras que otros de mayor escala, como Vicuña o El Pachón – los dos más grandes- implicarán más de 10.000 personas en los momentos de mayor actividad.
En la primera de las etapas, los proveedores prevén que habrá una demanda intensiva y que se acelerará mucho. “La demanda es de gran escala, ningún proyecto pide un camión para la logística, sino que pide 80 y de forma urgente, porque cuando toman la decisión de iniciar, lo hacen muy rápido”, explicó Benítez.
Cuando uno es proveedor minero no lo es para Argentina, sino que para todo el mundo, tiene que aprender y garantizar los estándares de calidad de empresas que trabajan acá, en otros países de Latinoamérica, en Asia o en Norteamérica
Este será un gran desafío para el sector que le vende a la minería, porque hoy prácticamente nadie tiene las capacidades para tomar esos compromisos. Por eso, dijo el empresario, “el secreto es unirse de forma gregaria para poder dar la respuesta que requiere la empresa”.
Apuntó además que estas asociaciones serán la clave y también la forma en la que se van a incorporar más contratos nacionales y de las localidades cuando haya más demanda de la minería. “Si un proveedor mediano no puede cumplirlo, lo mejor que puede hacer es trabajar con su competencia, que probablemente tampoco va a tener la escala para hacerlo”, detalló.

Existe un formato probado de esta forma de trabajo: las Uniones Transitorias de Empresas. A la hora de encarar grandes obras, es una herramienta para sumar capacidades y para poder competir con la oferta exterior.
La competencia con la región
Este último punto es central, porque Argentina tuvo un primer boom minero hace 30 años, a principios de los ’90, de los que surgieron minas como Veladero, Gualcamayo o La Alumbrera.
En ese momento, explicó Benitez, se desarrollaron capacidades locales, que hoy están trabajando a nivel nacional y también en la minería de otros países. Pero a la vez, este circuito virtuoso no se compara con los competidores directos de la industria nacional: los proveedores de Chile o de Perú.
Estos dos países tienen mayor historia minera que Argentina, prácticamente un siglo, y no sufrieron un gran bache en el inicio de nuevos proyectos como sí pasó en las dos últimas décadas. Ya fueron parte del desarrollo de proyectos en los ’90 y los 2000, reconoció Benítez, cuando a nivel local había muy poca oferta y las mineras introdujeron servicios y bienes de países vecinos.
Hoy la situación es distinta y hay más capacidades locales. De todos modos, para poder captar varios proyectos de cobre, más el desarrollo del litio, la reactivación del oro y la plata, el asociativismo entre argentinos será el único camino para competir.
Los desafíos para los proveedores
Alcanzar la escala que requieren nuevos proyectos metalíferos será un desafío duro para los proveedores nacionales, aunque Manuel Benítez destacó que también hay ventajas locales. “El país tiene la capacidad técnica y profesional para afrontar los nuevos proyectos, que ya han demostrado que pueden estar a la altura”, dijo.
Para el proveedor, la situación es distinta respecto de 30 años atrás porque la experiencia que ya tienen algunos con el sector minero elevó la vara del sector de proveedores. “En la minería hay margen de error cero».
«Cuando uno es proveedor minero no lo es para Argentina, sino que para todo el mundo, tiene que aprender y garantizar los estándares de calidad de empresas que trabajan acá, en otros países de Latinoamérica, en Asia o en Norteamérica”, explicó.

Esto es clave, porque los nuevos desafíos que tiene la minería están vinculados a mayor tecnología, a lograr un impacto social positivo y al cuidado del medio ambiente. Con la experiencia que ya hubo, las empresas locales pudieron ponerse a la altura y hoy son más competitivas.
Además, para Benítez existe otra gran ventaja, que responde a la coyuntura actual: el acceso al crédito. Si bien Argentina se caracteriza por tener pocas probabilidades de financiación, hoy los bancos y otras instituciones están interesadas en el sector minero y por eso tienen más oferta.
“El sector financiero argentino no tiene capacidad para entrar a la minería financiando las inversiones de las operadoras, que superan los cientos o miles de millones de dólares, pero en cambio sí puede apoyar a los proveedores”, dijo.
El interés, entonces, debe volcarse en la cadena de valor y por eso se ven cada vez más, líneas específicas para la minería en las provincias que ya tienen historia en la actividad, pero también en otras zonas.
La licencia social y los anillos de influencia
Desde el sector de proveedores hay un concepto que se repite: la licencia social depende de la capacidad que tenga la minería de dar contratos y trabajo a las comunidades locales.
Para Manuel Benítez, titular de CAMPIN, esto puede ser posible con el nuevo desarrollo minero, pero es importante que se tengan en cuenta los anillos de influencia. Con esto se refiere a las zonas de impacto donde deberán distribuirse las contrataciones.
En un escenario ideal, el impacto positivo de la minería debe llegar primero a las comunidades cercanas: los departamentos y localidades inmediatas a donde están instalados. Luego debe distribuirse en la provincia donde está ubicado y, finalmente, en el resto al país.
En última instancia, reconoció, existe también un cuarto anillo: la región. Con competidores fuertes en países cercanos, que en el caso del NOA y Cuyo son también limítrofes como sucede con Chile, la organización interna será clave para que haya un crecimiento y también para que la opinión sobre la minería siga siendo positiva en el país.