Las tensiones entre Washington y Teherán, junto con la fragilidad del suministro global, impulsaron un alza cercana al 3% en los precios internacionales del crudo.

La agenda geopolítica arrancó el año muy cargada. A la escalada del conflicto entre Estados Unidos y Venezuela, se le sumó la reciente crisis política en Irán, uno de los principales productores de petróleo y miembro de la OPEP+.

El mercado de crudo reaccionó a este escenario con una suba marcada de los precios internacionales. El aumento de las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, particularmente por el riesgo de que Irán vea interrumpidas sus exportaciones, impulsó los valores hacia arriba al cierre de este martes.

Irán atraviesa el período de protestas internas más severo de los últimos años.

En esa sola jornada, las cotizaciones avanzaron cerca de un 3%. El Brent, referencia global, incrementó en torno a tres dólares por barril y alcanzó los US$65,7, el nivel más elevado de los últimos tres meses. En paralelo, el West Texas Intermediate (WTI) se ubicó alrededor de US$61,3, con una dinámica similar.

La presión alcista se impuso pese a las expectativas de que Venezuela podría aportar barriles adicionales al mercado. Esa alternativa, sin embargo, continúa rodeada de incertidumbres operativas y políticas, lo que redujo su capacidad para compensar los riesgos asociados a Irán y a otros focos de conflicto que siguen sin resolverse a nivel global.

Los conflictos que condicionan el mercado global de petróleo

Analistas citados por Reuters señalaron que la combinación de la crisis interna iraní, las limitaciones estructurales del sector petrolero venezolano y la falta de avances claros en la guerra entre Rusia y Ucrania fortaleció una estrategia defensiva entre los inversores.

En ese contexto, los precios comenzaron a incorporar primas de riesgo antes de que se produzcan interrupciones efectivas del suministro.

Irán, uno de los principales productores de la OPEP, atraviesa el período de protestas internas más severo de los últimos años. La represión estatal y el deterioro del vínculo con Estados Unidos elevaron el tono del conflicto.

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El Brent en torno a los US$65,7 y el WTI cerca de US$61,3.

El presidente estadounidense, Donald Trump, advirtió que no descarta una respuesta militar y anunció un endurecimiento de las sanciones al señalar que “cualquier país que comercie con Irán va a ser alcanzado por un arancel del 25% sobre sus negocios con Estados Unidos”.

Ese contexto se reflejó en los diferenciales regionales del crudo. La prima del Brent frente al petróleo Dubái, referencia clave para Medio Oriente, alcanzó su nivel más alto desde julio, una señal de que el mercado asigna un mayor riesgo a los barriles provenientes de zonas políticamente inestables.

Estimaciones de Barclays indican que la situación iraní ya agregó entre US$3 y US$4 por barril en concepto de prima geopolítica.

Cabe señalar que las exportaciones del país asiático habían alcanzado entre 1,8 y 1,9 millones de barriles diarios antes de diciembre, aunque luego retrocedieron a niveles cercanos a 1,4 millones. Una pérdida adicional de esos volúmenes ajustaría la oferta global.

Según Carsten Fritsch, analista de Commerzbank, “tal cantidad no podría compensarse recurriendo a capacidad de producción sobrante”, especialmente si se concreta un cierre del Estrecho de Ormuz.

Ese paso marítimo concentra el tránsito de unos 20 millones de barriles diarios, cerca de una cuarta parte del comercio mundial de petróleo por vía marítima. “El precio del petróleo subiría entonces significativamente”, advirtió Fritsch, al remarcar que incluso la capacidad ociosa quedaría aislada del mercado en caso de un bloqueo.

Sigue la tensión en Venezuela

La atención del mercado también se concentró en Venezuela tras el arresto de Nicolás Maduro. Trump afirmó que Caracas podría liberar hasta 50 millones de barriles actualmente bajo sanciones occidentales.

Sin embargo, el propio mandatario advirtió a la presidenta interina Delcy Rodríguez que “pagará un precio mayor” si no accede a las demandas de Washington, lo que volvió a introducir un factor de presión política.

A pesar de la especulación sobre una mejora en la producción petrolera en el país sudamericano, la industria venezolana está muy deteriorada. Para poder recuperar los niveles actividad de hace 20 años, el sector demandará desembolsos de miles de millones de dólares.

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