La compañía avanza en el diseño de un esquema financiero para desarrollar un proyecto a gran escala. La iniciativa apunta a integrar producción de gas, industria y logística, con impacto en el abastecimiento del agro y potencial exportador.
Pampa Energía comenzó a estructurar un financiamiento por hasta US$ 1.500 millones destinado a la construcción de una nueva planta de urea en Bahía Blanca. El emprendimiento se perfila como uno de los desarrollos más ambiciosos dentro del sector energético y petroquímico argentino, con foco en agregar valor a la producción de gas natural.
La iniciativa es impulsada a través de su subsidiaria Fertil Pampa S.A.U. y ya fue presentada ante BID Invest, el brazo privado del Banco Interamericano de Desarrollo. El organismo evalúa un esquema que contempla un préstamo directo de hasta US$ 300 millones y la posibilidad de movilizar otros US$ 1.200 millones mediante financiamiento sindicado y préstamos paralelos.
El complejo estará emplazado en un predio de unas 80 hectáreas del área portuaria de Bahía Blanca y estará orientadlo a la producción de urea granulada, un insumo esencial para el agro, con fuerte demanda tanto a nivel local como regional.
Por el momento, el proyecto se encuentra en etapa de “propuesta” y está prevista su discusión en el Directorio Ejecutivo del BID para el 15 de diciembre de 2026, una instancia clave para definir su avance hacia la ejecución. Aunque la compañía no emitió declaraciones formales, fuentes del sector indican que continúa el análisis técnico y económico sobre tierras ya reservadas en la zona portuaria.
Pampa Energía: integración energética y escala productiva
El complejo estará emplazado en un predio de aproximadamente 80 hectáreas dentro del área portuaria de Bahía Blanca, uno de los principales nodos energéticos del país. La planta estará orientada a la producción de urea granulada, un insumo esencial para el agro, con fuerte demanda tanto a nivel local como regional.
El diseño industrial incluye una planta de amoníaco y dióxido de carbono, junto con dos líneas de producción de urea con capacidad de 3.000 toneladas diarias cada una. A esto se suman instalaciones auxiliares, sistemas de almacenamiento y unidades de despacho para facilitar la distribución.
El proyecto también prevé infraestructura complementaria para asegurar el abastecimiento de insumos críticos. Entre las obras contempladas se encuentran un gasoducto de conexión, el enlace al sistema eléctrico nacional, una planta de tratamiento de agua y un viaducto de 230 metros que conectará el predio con el muelle Comandante Luis Piedrabuena.
Este componente logístico refuerza el perfil exportador del emprendimiento, permitiendo canalizar la producción hacia mercados regionales a través de una infraestructura portuaria ya consolidada.
Gas con valor agregado
La elección de Bahía Blanca responde a múltiples factores estructurales. La ciudad concentra una red clave de gasoductos vinculados a Vaca Muerta, además de contar con infraestructura industrial instalada y acceso directo al comercio exterior.
En ese marco, la iniciativa se integra a la estrategia de Pampa Energía de transformar el gas en productos de mayor valor agregado. La urea, cuyo principal insumo es el gas natural, representa una oportunidad concreta para capturar valor dentro de la cadena agroindustrial.

Actualmente, la Argentina depende en gran medida de la importación de fertilizantes para cubrir su demanda interna. Esta situación expone al sector agrícola a la volatilidad de los precios internacionales y genera incertidumbre en los costos de producción.
La puesta en marcha de una planta de estas características permitiría reducir esa dependencia, mejorar la previsibilidad para los productores y fortalecer la competitividad exportadora del país.
Expansión del polo petroquímico y nuevas inversiones
El desarrollo de Fertil Pampa se inscribe en un proceso más amplio de expansión del negocio de fertilizantes en Bahía Blanca. A esta iniciativa se suma el interés de Adecoagro, reciente propietaria de Profertil, de avanzar con una nueva planta en el complejo existente.
Este escenario anticipa un incremento significativo en la capacidad productiva del polo petroquímico local, consolidando a la región como un hub estratégico para el abastecimiento de insumos clave para el agro.
En términos de ejecución, el proyecto se llevaría adelante bajo un contrato EPC (ingeniería, provisión y construcción), con un plazo estimado de entre tres años y medio y cuatro años hasta su puesta en marcha. Una vez operativa, la planta tendría un horizonte de funcionamiento de al menos 30 años, con paradas programadas de mantenimiento cada cuatro años.







