Con la onza de oro cotizando a US$5.300 por las tensiones entre EE.UU. y la UE, Argentina alcanza exportaciones mineras inéditas. Sin embargo, detrás del brillo del metal, la eficiencia de insumos estratégicos como la cal define quién gana en este escenario de precios históricos.

El inicio de 2026 ha colocado a la minería global en un escenario de vértigo. Mientras los líderes mundiales se reunieron en el Foro Económico de Davos, los mercados financieros respondieron con una agresiva retirada hacia activos de refugio, catapultando al oro a un máximo histórico de US$ 5.300 la onza.

Esta escalada, que ya acumula un alza del 20% solo en el primer mes del año, no es un fenómeno aislado de las pizarras de Londres o Nueva York; es el resultado directo de una crisis geopolítica que enfrenta a Estados Unidos y la Unión Europea por el control estratégico de Groenlandia.

Con Donald Trump amenazando con aranceles punitivos del 10% y los inversores desarmando posiciones en activos de riesgo, el metal precioso se encamina a romper barreras psicológicas de cotización, transformando la dinámica económica de las provincias mineras argentinas.

El caso de la plata, cotizó en un máximo histórico por encima de los US$117.71 en la última semana de enero, superando su pasado remontado a la crisis financiera mundial del 2008. En términos porcentuales desde que comenzó el 2026, su aumento fue del 50%.

El oro ha vuelto a su rol histórico de «dinero real» ante una desconfianza sistémica en las monedas tradicionales.

Argentina no es un mero espectador en esta carrera alcista. El país atraviesa un ciclo de exportaciones mineras inédito que alcanzó los US$ 6.037 millones al cierre del último ejercicio, marcando un crecimiento del 29% respecto al año anterior.

Dentro de este complejo, el oro se consolida como el protagonista indiscutido, aportando más de US$ 4.000 millones a la balanza comercial. Sin embargo, detrás de este resplandor que capturan los titulares financieros, existe un componente logístico y técnico que suele pasar desapercibido, pero que define la viabilidad de cada gramo recuperado, la cal.

Gráfico bursátil que permite observar la cotización ascendente del dólar en enero de 2026

En un contexto donde la onza supera los US$ 5.000, la eficiencia operativa deja de ser un objetivo deseable para convertirse en una obligación de supervivencia.

La recuperación del oro y la plata a través del proceso de cianuración sería, en términos prácticos, imposible sin el óxido de calcio. Este insumo estratégico actúa como el guardián químico del proceso.

Su función principal es regular el pH de las soluciones para evitar la formación de ácido cianhídrico, un gas altamente peligroso. Pero en la minería moderna de 2026, la cal ha dejado de ser un simple reactivo para transformarse en una herramienta de optimización de costos.

Esta interdependencia entre el precio del metal y la calidad de los insumos locales explica por qué Argentina ha logrado sostener su ritmo productivo a pesar de la volatilidad.

Mientras que en Davos se discutió el futuro de los aranceles y la soberanía de territorios remotos, en la Puna y la Cordillera la batalla se libra en la recuperación metalúrgica.

La cal no solo protege las instalaciones, sino que maximiza el rendimiento de yacimientos que ya han ingresado en etapas de madurez, donde las leyes del mineral son más bajas y cada fracción de punto en la recuperación impacta directamente en el margen de rentabilidad de las operadoras.

El «boom» del oro y la plata se da, además, en un contexto de reactivación generalizada del sector. El litio, tras varios meses de estancamiento, ha vuelto a despertar con fuerza, duplicando su valor en el mercado spot de China hasta tocar los US$ 20.000 la tonelada.

cal
La producción de cal empieza con la extracción de la roca, voladura y de ahí va al proceso de calcinación.

Este dinamismo genera una presión adicional sobre la cadena de proveedores, que ahora deben satisfacer una demanda creciente y simultánea de proyectos de metales preciosos, litio y el incipiente auge del cobre.

La cercanía logística de las caleras sanjuaninas con los proyectos andinos y santacruceños, e incluso con yacimientos chilenos como Salares Norte o La Coipa, otorga a la región una ventaja competitiva única en el Cono Sur.

A nivel internacional, el mercado ya no duda de que el oro seguirá superando los US$ 5.000 en el corto plazo. La continua tensión entre Washington y Bruselas por la presencia de tropas en Groenlandia ha generado una desconfianza sistémica en las monedas tradicionales.

Para los inversores, el oro ha vuelto a su rol histórico de «dinero real», y para la Argentina, este fenómeno representa una ventana de oportunidad para acelerar inversiones que llevaban años en fase de prefactibilidad.

El secreto de la cal y la experiencia de «ser eficientes en la adversidad» para la minería de oro y plata en Argentina

El fuerte aumento de las exportaciones mineras nacionales, que superaron los US$ 6.000 millones, es una señal clara de que el país está logrando capitalizar este escenario global para robustecer sus reservas y dinamizar las economías regionales.

Gráfico que permite dimensionar la dinámica de cotización de la plata, alcanzando valores históricos en su cotizaión.

Sin embargo, el éxito de este ciclo depende de una visión integral que no se agote en la cotización de la onza. La sostenibilidad del sector minero argentino en 2026 está atada a su capacidad para integrar a los proveedores locales de alta especialización.

La cal es el ejemplo perfecto de un insumo que, representando una fracción mínima del costo total de un proyecto, define la estabilidad de la operación. En una industria donde cada gramo cuenta, la pureza de los materiales y la confiabilidad del suministro son los factores que permiten que el metal finalmente brille en el lingote exportable.

El «boom» de los metales preciosos reactiva proyectos y acelera inversiones que antes eran postales financieras.

En conclusión, el récord del oro no es solo una noticia financiera; es un desafío técnico y logístico que pone a prueba la madurez de la industria argentina.

Mientras Donald Trump redefinió las reglas del comercio mundial desde Suiza, las minas en Chubut y Santa Cruz operan al máximo de su capacidad, respaldadas por una cadena de valor que ha aprendido a ser eficiente en la adversidad.

El «factor invisible» de la cal, la aceleración del litio y la solidez de las exportaciones metalíferas dibujan un panorama donde la minería se consolida como un motor resiliente de la economía nacional, transformando la crisis geopolítica global en una oportunidad de desarrollo territorial y tecnológico para la Argentina.

Comentarios

Por si acaso, tu email no se mostrará ;)