El uso extendido de GPS, sensores e IoT no logra reducir los ataques a camiones, en un contexto de delito cada vez más sofisticado. Se trata de una situación de vulnerabilidad que atraviesan empresas logísticas con flota propia como Celsur, Andreani y Vía Cargo.
El robo automotor en Argentina es una problemática histórica y siempre ha impactado en los márgenes productivos de las empresas del transporte de cargas. Considerando que el sector pone a la eficiencia como una de sus prioridades, se notable el poco avance que se ha logrado en la Argentina para mitigar los daños de la piratería del asfalto.
Si bien estos hechos delictivos ocurren a nivel global, hay una diferencia marcada en la frecuencia y violencia de los casos registrados en América Latina y en Europa. En países como México, algunas empresas optan por contratar escoltas armados que elevan las tarifas.
“El costo logístico de que lleves un tráiler con mercancía en la carretera, con una escolta armada,te puede subir hasta un 30%”, declaró a principio de añoVíctor Manuel Herrera Espinosa, presidente del Comité Nacional de Estudios Económicos del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF).
Los robos crecieron un 15% en el interior del país durante el primer trimestre del año.
En la Argentina es un problema asimilado en la estructura de costos y aunque haya estrategias de los propios conductores o de empresas puntuales, no hay un lineamiento para sortear los robos y ni siquiera hay sistemas de mediciones de organismos oficiales.
Algunas entidades que nuclean a compañías con flota propia o consultoras del rubro realizan un registro esporádico ya que son las más afectadas.
Empresas como Andreani, Cruz del Sur, Vía Cargo, Integral Pack, Celsur, y Exologística, ente otras, son afectadas directamente por la delincuencia a pesar de haber incorporado un gran número de herramientas tecnológicas dedicadas al mapeo de rutas.
Robos a camiones: señales de alerta
El más reciente Informe de Movilidad de Strix arrojó señales de alerta en el inicio de 2026. Aunque los casos vinculados a utilitarios y vehículos de transporte de carga no aumentaron en términos porcentuales, el fenómeno se reconfiguró territorialmente y expone una problemática más profunda: la persistencia del delito incluso en un contexto de creciente adopción de tecnología aplicada a la logística.
Según el documento, los robos crecieron un 15% en el interior del país durante el primer trimestre del año. Provincias como Córdoba, Mendoza y Santa Fe concentran ese incremento, lo que confirma un desplazamiento del delito más allá del Área Metropolitana de Buenos Aires.
En ese escenario, el segmento del transporte de cargas presenta una particularidad: no muestra mejoras. Los niveles de robo se mantienen prácticamente sin cambios respecto del mismo período de 2025, lo que sugiere que las herramientas actuales no logran reducir el riesgo en un eslabón clave de la cadena logística.

El dato adquiere relevancia si se considera que el transporte carretero domina el movimiento de mercaderías en Argentina. La concentración de valor en tránsito, la previsibilidad de las rutas y la exposición en corredores extensos convierten a los camiones en objetivos estratégicos para organizaciones delictivas cada vez más profesionalizadas.
La tecnología ¿amiga?
A pesar de que es preocupante no poder mitigar los robos de carga, hay otro factor que es más llamativo. En los últimos años, la industria incorporó un conjunto amplio de soluciones tecnológicas abocadas a mejorar la productividad de las empresas.
Entre ellas se destacan los sistemas de rastreo satelital basados en GPS combinados con redes GSM, que permiten ubicar en tiempo real la posición de cada unidad y generar alertas ante desvíos no autorizados.
A estas herramientas se suman plataformas de gestión de flotas que integran telemetría avanzada. A través de sensores conectados bajo esquemas de Internet de las Cosas (IoT), las empresas pueden monitorear variables como apertura de puertas, peso de carga, consumo de combustible, detenciones imprevistas o incluso patrones de conducción. Estos datos se procesan en centros de control que operan de forma continua.
Otra capa tecnológica relevante son las geocercas, perímetros virtuales que se configuran sobre mapas digitales. Cuando un vehículo sale de una zona predefinida o ingresa a un área considerada crítica, el sistema activa alertas automáticas.
En combinación con algoritmos de analítica de datos, estas soluciones permiten detectar anomalías y anticipar posibles incidentes.
Más recientemente, algunas compañías comenzaron a incorporar inteligencia artificial para analizar grandes volúmenes de información histórica y en tiempo real. Estos modelos identifican comportamientos atípicos, correlacionan eventos y sugieren acciones preventivas. En teoría, se trata de un salto cualitativo en materia de seguridad operativa.

Sin embargo, la persistencia del delito evidencia una limitación estructural: gran parte de estas herramientas fueron diseñadas con foco en la eficiencia logística y no en la seguridad.
Los sistemas de optimización de rutas, por ejemplo, priorizan reducir tiempos de viaje, costos de combustible y tiempos de espera, pero no siempre ponderan adecuadamente el nivel de riesgo de los territorios atravesados.
Esto implica que un algoritmo puede definir como “óptimo” un trayecto que atraviesa zonas con alta incidencia delictiva, simplemente porque reduce algunos kilómetros o evita congestiones.
En la práctica, esa lógica expone a los transportes a entornos más vulnerables, especialmente en franjas horarias críticas como las que van de 17 a 0 horas, donde se concentra más del 70% de los robos y predomina la violencia armada.
La delincuencia también evoluciona
A este cuadro se suma la evolución de las modalidades delictivas. Las bandas especializadas utilizan inhibidores de señal para bloquear dispositivos de rastreo, realizan inteligencia previa sobre las cargas y, en algunos casos, actúan con logística propia para interceptar y desviar vehículos en puntos estratégicos.
El informe también muestra cambios en las preferencias delictivas, con un aumento en el robo de SUV y un crecimiento significativo en el caso de motos, cuyos registros se duplicaron en el primer trimestre. No obstante, el transporte de cargas mantiene su atractivo por el valor concentrado en cada operación, lo que amplifica el impacto económico de cada incidente.
Desde Strix destacan que, cuando los vehículos cuentan con sistemas de notificación de movimiento y monitoreo activo, los niveles de recupero pueden alcanzar el 100%. Sin embargo, ese dato también revela que la tecnología actúa muchas veces de manera reactiva, una vez consumado el hecho.
En ese contexto, el desafío para el sector logístico no pasa únicamente por incorporar más herramientas, sino por redefinir su uso. Integrar variables de seguridad en la planificación de rutas, cruzar datos delictivos con la operación diaria y avanzar hacia modelos preventivos aparece como una condición necesaria para revertir una tendencia que, hasta ahora, la tecnología por sí sola no logró modificar.







