El complejo, pieza central del proyecto de GNL que lidera YPF, permitirá separar y valorizar en tierra los líquidos asociados del recurso antes de la licuefacción costa afuera. Así, abrirá la puerta a una nueva etapa de desarrollo industrial en la Patagonia atlántica.
El megaproyecto de GNL liderado por YPF junto a sus socios internacionales XRG y ENI, suele asociarse a la imagen de grandes buques licuefactores de gas operando mar adentro. Sin embargo, el verdadero cambio estructural para la provincia de Río Negro estará anclado en tierra firme: una planta fraccionadora de de escala inédita en la costa atlántica.
La instalación se levantará en la zona de Punta Colorada, próxima a Sierra Grande. No se trata de una infraestructura meramente complementaria al esquema exportador de Gas Natural Licuado (GNL), sino de un nodo industrial clave que permitirá capturar valor antes de que el gas sea transformado y enviado a los mercados globales por barco.
La función central de la planta será recibir los líquidos del gas natural (LGN) y someterlos a un proceso de separación térmica para aislar cada componente según su punto de ebullición.
Este enfoque implica procesar en origen los componentes más pesados del gas proveniente de Vaca Muerta, marcando un giro respecto del modelo tradicional basado en la simple extracción y despacho de materia prima.
Transporte de gas para una producción “rica”
El gas no convencional extraído en la Cuenca Neuquina es técnicamente un fluido “rico” o “húmedo”: además de metano, contiene líquidos de alto valor comercial, como propano, butano y gasolinas naturales. En la jerga del sector se lo denomina “sopa”, justamente por esa mezcla de componentes.
El diseño del sistema de evacuación contempla dos grandes obras paralelas. Por un lado, un gasoducto troncal de 48 pulgadas y 520 kilómetros que transportará el gas seco hasta los buques licuefactores ubicados a unos siete kilómetros de la costa.
Por otro, y como resultado de la negociación con la provincia, se construirá un poliducto exclusivo de 22 pulgadas y 526 kilómetros.
Este segundo conducto tendrá capacidad para movilizar 15.000 toneladas diarias de líquidos asociados, triplicando la capacidad actual del país para este tipo de transporte. Su trazado desembocará directamente en la nueva planta fraccionadora rionegrina, asegurando que los líquidos no se diluyan en otros circuitos y queden disponibles para su procesamiento local.
Desde el punto de vista logístico, el esquema separa claramente los flujos: el metano seguirá hacia la licuefacción offshore, mientras que los componentes pesados serán tratados en tierra, optimizando eficiencia y control de calidad.
El fraccionamiento previo a la licuefacción
La planta proyectada será la mayor instalación de fraccionamiento del país. Su función central será recibir los líquidos del gas natural (LGN) y someterlos a un proceso de separación térmica para aislar cada componente según su punto de ebullición.

Entre los productos resultantes se destacan el propano y el butano, fundamentales para el mercado de Gas Licuado de Petróleo (GLP), utilizado masivamente para consumo domiciliario e industrial. También se obtendrán gasolinas naturales, insumo estratégico para la refinación y la elaboración de combustibles.
Realizar este proceso en la costa atlántica tiene un doble beneficio. Por un lado, maximiza el valor económico al permitir comercializar cada fracción por separado.
Por otro, garantiza que el gas que llegará a los buques para su enfriamiento a -162 °C esté técnicamente “seco”, condición indispensable para una licuefacción eficiente y segura.
En términos operativos, la separación previa reduce riesgos, mejora la estabilidad del proceso y eleva la competitividad del complejo exportador.
La base de un nuevo polo petroquímico en Río Negro
Más allá del impacto inmediato en la balanza energética —con proyecciones de exportaciones del orden de los USD 10.000 millones anuales—, la planta fraccionadora puede convertirse en el núcleo de un polo petroquímico patagónico.
La disponibilidad masiva y sostenida de propano, butano y otros líquidos en Sierra Grande abre la puerta a la radicación de industrias orientadas a la producción de polímeros, plásticos y derivados químicos. Este encadenamiento productivo permitiría diversificar la matriz económica de Río Negro y generar empleo más allá de la fase constructiva.
A ello se suma un beneficio fiscal directo para la provincia: una vez en operación comercial, el proyecto prevé un Aporte Comunitario anual estimado en USD 24 millones durante toda la vida útil del complejo.




