La dinámica del mercado petrolero exacerbada por las tensiones geopolíticas en Oriente Medio, coloca a la Argentina en un escenario económico desafiante para los precios internos. La bonanza exportadora de Vaca Muerta se contrapone directamente con el bolsillo del consumidor local, y cada dólar que incrementa la cotización del Brent plantea hasta dónde se puede desacoplar el surtidor de la paridad de importación.

El primer punto de análisis que se puede realizar es sobre el alcance del aumento del crudo. Y sobre este aspecto los especialistas destacan una regla de proporcionalidad que desmiente la idea de un traslado lineal.

Si bien el petróleo es el insumo principal, la estructura de costos de los combustibles en la Argentina posee un complejo entramado de impuestos (ICL y CO2), biocombustibles, logística y márgenes de refinación.

Cuando el barril de crudo escala a niveles cercanos a los u$s 90 o u$s 100, como viene ocurriendo desde que se lanzó el primer ataque de la coalición de Estados Unidos e Israel sobre Irán, la presión sobre las refinadoras locales se vuelve diario.

Sobre todo en una nueva etapa en la cual la Argentina pasó de un modelo de barril criollo -donde existía en circunstacias de volatilidad similares un precio interno artificialmente bajo- a una búsqueda de paridad de precio internacional.

El ejercicio de liberación de mercado implica ahora que cualquier movimiento en el tablero externo se refleje, tarde o temprano, en las estaciones de servicio. Esto genera un efecto multiplicador en la inflación núcleo, dado que el combustible funciona como el insumo transversal de toda la cadena de distribución logística del país.

En este punto la paradoja es evidente, dado que por un lado la Argentina obtiene beneficios como productor pero sufre como consumidor.

Un aumento de u$s10 en el precio del barril representa un ingreso adicional de u$s 1.250 millones anuales para la balanza comercial energética, de acuerdo a estimaciones que realizó el economista Daniel Dreizzen titular de la consultora Aleph Energy, aunque al mismo tiempo presiona el índice de precios al consumidor.

guerra iran eeuu
Medio Oriente es el corazón energético del planeta y la crisis alteró rápidamente todos los mercados.

Para moderar este impacto, existen algunas vías que comienzan con la facultad que posee el estado nacional de postergar la actualización de los impuestos a los combustibles líquidos. Esta resulta la herramienta predilecta de los últimos años para evitar que el aumento del crudo llegue de forma abrupta al público, aunque con el costo de una pérdida de recaudación fiscal.

Por otro lado, la integración vertical de empresas como YPF permite una absorción temporal de los costos de extracción para no trasladar la totalidad de la suba internacional al surtidor, lo que funciona como un regulador de hecho del mercado.

Sobre todo teniendo en cuenta que la petrolera controla el 55% del market share de combustibles y suele marcar el ritmo de la competencia.

Finalmente, en estas semanas se está imponiendo la premisa de una convergencia gradual de precios en las estaciones de servicio que se diferenca de los shocks de las pizarras que se están viviendo en otros países.

Por el caso, las compañías mantienen -ya sea por convicción o por temor a quebrar el mercado- un sendero de aumentos programados para que la demanda no se desplome y la economía digiera el ajuste de manera escalonada.

El impacto en Vaca Muerta: acelerar inversiones y reducir la dependencia externa del crudo

Un tema recurrente en los análisis es el rol de Vaca Muerta. El impacto del aumento del petróleo acelera las inversiones en el upstream y mejora la escala de producción.

Con un mayor volumen de crudo disponible, la Argentina redujo en los últimos dos años su dependencia de importaciones de gasoil o naftas premium en picos de demanda.

Esto constituyó la forma más genuina y sostenible de moderar los precios a largo plazo mediante la autosuficiencia energética, más aún en una economía estancada que tiene impacto propio en la demanda de combustibles.

refinería de Plaza Huincul, Vaca Muerta, Neuquén, YPF
El margen de refinación en la Argentina enfrenta una presión creciente ante la suba del crudo Brent

La repercusión del conflicto internacional en el país es, en primera instancia, reflejo de que el mercado ya no funciona aislado de lo que ocurre en el mundo y debe enfrentar los costos y beneficios de esa integración.

La búsqueda de la paridad de exportación es necesaria para atraer las inversiones que el sector requiere, pero se gestionó con un criterio que contempla la fragilidad del consumo interno.

En la industria se explica la necesidad de un equilibrio según la mirada que se le aplique al mercado, porque si el precio local del crudo está por debajo de la paridad de exportación, las empresas prefieren vender todo afuera, lo que genera riesgo de desabastecimiento interno.

Por el contrario si el precio local está en paridad de importación el consumidor paga el valor más caro existente, como si cada litro de nafta se vendiera en un país netamente importador. La Argentina por su disponibilidad de recursos y de refinación aún puede gozar de cierta autonomía y medir el alcance del impacto global.

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