La iniciativa para producir SAF se apoya en la captura de CO₂ de la planta de aluminio de Puerto Madryn. Se trata de un insumo clave para la descarbonización del transporte aéreo. El acuerdo posiciona a la provincia en la agenda global de los combustibles sintéticos.

La transición energética empieza a tomar forma concreta en la industria pesada argentina. En Puerto Madryn, Aluar Aluminio Argentino y la empresa alemana GreenSinnergy firmaron un memorando de entendimiento (MoU) que abre la puerta a un desarrollo inédito a escala local: capturar las emisiones de dióxido de carbono generadas en la producción de aluminio y transformarlas en combustible sustentable de aviación (SAF, por sus siglas en inglés).

El acuerdo no implica todavía una decisión final de inversión, pero sí establece un marco técnico y estratégico para evaluar la integración entre la planta industrial de la metalúrgica argentina y el proyecto Eco-Refinerías del Sur (ERS), impulsado por GreenSinnergy en Chubut.

Las de la producción de aluminio son emisiones catalogadas como “difíciles de abatir”, ya que no pueden eliminarse únicamente mediante electrificación o energías renovables.

El objetivo es claro: reutilizar emisiones industriales difíciles de eliminar y convertirlas en un insumo para la producción de combustibles sintéticos de muy baja huella de carbono.

En un contexto internacional atravesado por regulaciones ambientales cada vez más exigentes y por la presión sobre sectores intensivos en energía, el entendimiento marca un paso relevante para insertar a la Patagonia en las nuevas cadenas globales de valor vinculadas a la descarbonización.

Captura de CO₂: un punto clave en el proyecto de Aluar

Uno de los puntos centrales del acuerdo es la captura de las emisiones de CO₂ generadas en el proceso productivo del aluminio. Se trata de un tipo de emisiones catalogadas como “difíciles de abatir”, ya que no pueden eliminarse únicamente mediante electrificación o energías renovables.

En este esquema, el dióxido de carbono no se libera a la atmósfera, sino que se recupera mediante tecnologías de captura post-combustión, se purifica y se acondiciona para su reutilización.

Ese CO₂ capturado se convierte así en una materia prima que alimenta un proceso industrial posterior, en lugar de ser considerado un residuo inevitable.

Desde el entorno del proyecto destacan que este enfoque permite avanzar hacia un modelo de economía circular aplicada a gran escala.

“La idea es dejar atrás la lógica del descarte y transformar una emisión en un insumo productivo”, explicó el co-desarrollador Ismael Retuerto, al describir el cambio conceptual que propone la iniciativa.

Un salto tecnológico en Chubut

Chubut impulsa Eco-Refinerías del Sur (ERS), un proyecto de la empresa alemana GreenSinnergy para producir SAF sintético mediante energía eólica e hidrógeno verde, sin usar aceites ni biomasa.

La iniciativa se basa en la ruta Power-to-Liquid (PtL): se genera hidrógeno renovable y se combina con CO₂ capturado para, mediante síntesis Fischer-Tropsch, producir combustibles líquidos de bajísima huella de carbono.

El resultado son e-fuels —entre ellos SAF— capaces de abastecer a la aviación global con emisiones casi nulas.

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Europa cerró 2024 con un hito clave: el 0,6% del combustible usado en sus aeropuertos fue SAF —193 kilotoneladas que evitaron 714 kilotoneladas de CO₂

Chubut busca convertirse en un polo de innovación energética y evalúa incorporar el proyecto al RIGI ambiental. La propuesta prevé una inversión inicial de US$2.500 millones para producir 100.000 toneladas por año en la primera fase.

Hacia 2030, la etapa final podría superar los US$6.000 millones y alcanzar 500.000 toneladas anuales, un volumen comparable al de los proyectos más avanzados de Europa.

Además del beneficio climático, el impacto económico sería decisivo para la Patagonia: empleo calificado, desarrollo de proveedores, expansión logística y consolidación de un nuevo sector industrial basado en hidrógeno verde.

ERS está cerrando alianzas entre tecnólogos, compradores e inversores, y apunta a iniciar ingeniería básica en los próximos años para comenzar a operar en 2030.

Europa acelera: radiografía del despegue del SAF

Europa cerró 2024 con un hito clave: el 0,6% del combustible usado en sus aeropuertos fue SAF —193 kilotoneladas que evitaron 714 kilotoneladas de CO₂—, según el primer informe oficial de ReFuelEU Aviation, que servirá como línea de base para alcanzar la meta obligatoria del 2% en 2025.

El mercado todavía es chico y muy concentrado. Aunque 25 proveedores abastecieron a 33 aeropuertos en 12 países, el 99% del volumen se repartió entre Francia, Países Bajos, España, Suecia y Alemania. Y casi todo fue biocombustible clásico: 81% aceite de cocina usado, 17% grasas animales.

El precio es, por ahora, el freno más duro. En 2024 el SAF promedió 2.085 €/t, casi tres veces más que el jet fuel convencional (734 €/t). Esto ni siquiera incluye mezcla, logística ni márgenes.

Mientras tanto, en Estados Unidos comenzó a operar la primera planta de combustibles sustentables para aviones. El desarrollo, que empezó en 2012, recibió todos los permisos a principios de 2020 y en noviembre de este año inició su producción industrial con etanol obtenido a base de distintos elementos.

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