La minería argentina está asistiendo a una transformación relevante en el yacimiento Gualcamayo, que se prepara para desarrollar el proyecto Carbonatos Profundos (DCP), una iniciativa que no solo extiende la vida útil de la mina por al menos 17 años, sino que introduce hitos tecnológicos en Sudamérica.
Para entender la magnitud del desafío, es necesario profundizar en qué significa realmente este nuevo cuerpo mineralizado para la operatoria de Gualcamayo. A diferencia del oro que se extraía en la superficie mediante métodos convencionales, los «Carbonatos Profundos» se encuentran a unos 1.000 metros bajo tierra, encapsulados en rocas carbonáticas que presentan una naturaleza refractaria.
En términos sencillos, el oro está «atrapado» químicamente dentro de la piedra, lo que impide su recuperación con los procesos que la mina utilizó durante sus primeras dos décadas.
Para resolver este enigma geológico, la compañía construirá una planta de Oxidación a Presión (POX), una infraestructura de altísima complejidad que utiliza autoclaves para someter al mineral a condiciones extremas de temperatura y presión.
Al inyectar oxígeno en este ambiente controlado, se logra romper la estructura de la roca y liberar el oro, una técnica que posicionará a San Juan como un referente global, al ser una de las pocas instalaciones de este tipo en funcionamiento en todo el mundo.
Con Carbonatos Profundos, Gualcamayo deja de ser una mina en transición para producir 120 mil onzas de oro anuales durante un período mínimo de 17 años.
Sin embargo, la innovación no se limita al procesamiento químico. La metodología de extracción en la mina subterránea parece extraída de una película futurista. Debido a la gran profundidad y la complejidad de las galerías, la empresa ha decidido apostar por la minería autónoma.
Ingenieros de la compañía ya han avanzado en acuerdos con proveedores de Finlandia para adquirir maquinaria que puede operar sin conductores a bordo.
Mediante una robusta red de conectividad y fibra óptica en el corazón del cerro, los operarios podrán manejar perforadoras y cargadoras desde salas de control ubicadas en la superficie, ya sea en Jáchal, lugar donde está la mina o en la capital sanjuanina, garantizando niveles de seguridad y productividad nunca vistos en el país.
Este ecosistema socioproductivo se completará con la construcción de un parque fotovoltaico de 50 MW, asegurando que el alto consumo energético que demanda la planta POX sea compensado con fuentes renovables.

Con más de 3,5 millones de onzas de oro certificadas y la promesa de generar hasta 1.500 puestos de trabajo en su pico de construcción, Gualcamayo deja de ser una mina en etapa de cierre para convertirse en un nuevo jugador de la minería inteligente y sustentable en Argentina.
El desafío de la infraestructura digital y el talento local para la nueva operatoria de Gualcamayo
La implementación de esta tecnología trae consigo un reto inmediato: la infraestructura de comunicaciones.
Según explicaron desde la compañía, operar maquinaria a mil metros de profundidad desde una oficina en la superficie requiere velocidades de conectividad y una confiabilidad de red que hoy son inexistentes en gran parte del territorio.
Este salto digital obligará a desarrollar una arquitectura de datos robusta en la zona de Jáchal, lo que a su vez generará un derrame tecnológico para los proveedores de servicios locales.
No se trata solo de comprar máquinas, sino de crear un entorno digital que soporte la operación remota en tiempo real, transformando a los trabajadores mineros tradicionales en operadores especializados en telemetría y sistemas autónomos.

La sostenibilidad es el otro gran pilar que sostiene a Carbonatos Profundos. Una planta de oxidación a presión (POX) demanda una cantidad de energía considerable para mantener los procesos de alta temperatura y presión.
Para mitigar la huella de carbono y asegurar la eficiencia de costos, el proyecto incluye la construcción de un parque fotovoltaico de 50 MW.




