Una empresa estadounidense ofrece completar la demorada instalación nuclear de la estatal Dioxitek en Formosa, con un esquema que combina financiamiento privado y operación conjunta. El plan apunta a abastecer a las centrales nucleares argentinas y abrir una línea de exportación.

El gobierno nacional recibió una propuesta de la firma estadounidense Nano Energy para invertir más de 230 millones de dólares en la finalización de la Nueva Planta de Uranio de la estatal Dioxitek, ubicada en Formosa.

La iniciativa contempla no solo la puesta en marcha de una obra que arrastra años de demoras, sino también su reconversión en un activo con proyección exportadora.

De avanzar, el proyecto podría encuadrarse dentro del Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI), una herramienta clave para viabilizar desembolsos de gran escala en sectores estratégicos.

Uno de los aspectos más relevantes de la iniciativa es la posibilidad de insertar a la Argentina en el mercado internacional de hexafluoruro de uranio, cuya demanda muestra una tendencia creciente a nivel global.

La apuesta busca así alinear financiamiento privado con una infraestructura crítica para el desarrollo del sector nuclear argentino.

Las conversaciones entre ambas partes comenzaron en agosto del año pasado, cuando Dioxitek y Nano Energy firmaron un memorando de entendimiento orientado a evaluar el potencial de colaboración.

A partir de ese punto, se analizaron tanto las capacidades técnicas de la empresa estatal como el know-how acumulado por el país en materia nuclear.

El entendimiento terminó de consolidarse durante la Argentina Week, en un evento realizado en Nueva York con participación de representantes del sector atómico, impulsado por la Secretaría de Asuntos Nucleares y el Consulado argentino.

Dos etapas para ampliar el ciclo del combustible

El proyecto presentado ante el Ministerio de Economía se estructura en dos fases bien diferenciadas, ambas orientadas a fortalecer el posicionamiento de Argentina dentro del ciclo del combustible nuclear.

La primera etapa contempla la finalización de la construcción, puesta en marcha y operación de la instalación NPU-1, destinada a la producción de dióxido de uranio (UO₂). Esto incluye la adecuación de las instalaciones existentes, la incorporación de equipamiento pendiente y la implementación de sistemas técnicos y de seguridad que permitan alcanzar estándares internacionales para la operación industrial.

En esta fase, Dioxitek mantendría la titularidad tanto de la planta como del terreno, mientras que el uso operativo sería transferido a una nueva sociedad conformada junto a Nano Energy, bajo un esquema de usufructo.

La segunda etapa implica un salto cualitativo: la construcción de una instalación complementaria para convertir el dióxido de uranio en hexafluoruro de uranio (UF₆).

Este compuesto es fundamental en el proceso de enriquecimiento, ya que funciona como materia prima para la producción de combustible nuclear destinado a reactores que utilizan uranio enriquecido.

Potencial exportador y abastecimiento local

Uno de los aspectos más relevantes de la iniciativa es la posibilidad de insertar a la Argentina en el mercado internacional de hexafluoruro de uranio, cuya demanda muestra una tendencia creciente a nivel global.

Atucha 1. Nucleoeléctrica, Energía nuclear, uranio
Actualmente, las centrales nucleares del país —Atucha I, Atucha II y Embalse— operan con uranio natural y requieren aproximadamente 230 toneladas anuales de dióxido de uranio.

Actualmente, las centrales nucleares del país —Atucha I, Atucha II y Embalse— operan con uranio natural y requieren aproximadamente 230 toneladas anuales de dióxido de uranio. El proyecto garantizaría el suministro de ese volumen, asegurando el abastecimiento interno.

Sin embargo, la clave del nuevo esquema radica en la capacidad de generar un excedente con destino exportador, especialmente a partir de la producción de UF₆. Esto permitiría diversificar ingresos y dotar de mayor sustentabilidad económica a la operación.

Argentina cuenta con experiencia técnica en la conversión de dióxido de uranio a hexafluoruro, un factor que refuerza la viabilidad del proyecto en términos tecnológicos y de recursos humanos especializados.

Un cambio de enfoque en el negocio nuclear

La iniciativa refleja un cambio de paradigma en la política nuclear, orientado a promover proyectos con viabilidad económica y participación privada. En este sentido, el secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Napoli, viene impulsando una reconfiguración del sector basada en criterios de eficiencia y sustentabilidad comercial.

«El objetivo primordial de la Secretaría es reordenar el sector y buscar que las distintas unidades de negocio que pueden surgir a partir del sector tengan una viabilidad económica y comercial, que hasta ahora se mostró en general deficiente», explicó el funcionario.

La historia de la planta de Formosa ilustra los desafíos de este enfoque. Su construcción comenzó en 2014, pero enfrentó múltiples retrasos y cuestionamientos sobre su escala. Según detalló Ramos Napoli, el diseño original contemplaba dos líneas de producción con una capacidad total de 500 toneladas anuales de dióxido de uranio, muy por encima de la demanda local.

«Un ejemplo puede ser la planta de Formosa, que es la situación sobreanalizada que tuvimos en Dioxitek. Es una planta cuyo plan inicial eran dos líneas de producción de unas 250 toneladas de dióxido de uranio de capacidad nominal por línea, es decir 500 toneladas anuales. Había un problema de la falta de modelo de negocio, porque la demanda agregada de las centrales nucleares argentinas que utilizan dióxido de uranio natural oscila en torno a las 210 toneladas. Tenés 290, 280 toneladas huérfanas», explicó.

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