La digitalización avanza en la logística global, pero en Argentina muchas empresas todavía operan con herramientas básicas. El alto costo del software y la falta de escala limitan la adopción de sistemas capaces de transformar las operaciones.

La digitalización se convirtió en uno de los ejes centrales de la logística moderna, con un ecosistema tecnológico que promete mayor eficiencia, trazabilidad y velocidad operativa. Sin embargo, en la Argentina el proceso de adopción avanza con mucha más lentitud que en otros mercados.

La implementación de estos sistemas requiere inversiones relevantes en software, infraestructura digital y capacitación. Para muchas empresas logísticas, el costo de modernizar sus operaciones supera los beneficios inmediatos que podrían obtener.

Como resultado, la incorporación de tecnología avanza a un ritmo desigual y el salto hacia modelos logísticos más automatizados sigue concentrado en un grupo reducido de operadores.

Inversiones que no llegan

El desarrollo de soluciones tecnológicas para logística creció con fuerza en los últimos años. Empresas especializadas ofrecen plataformas para gestionar transporte, administrar depósitos, monitorear cargas en tiempo real o integrar inventarios y demanda dentro de un mismo sistema digital.

La incorporación de tecnología avanza a un ritmo desigual y el salto hacia modelos logísticos más automatizados sigue concentrado en un grupo reducido de operadores.

Sin embargo, el mercado argentino no terminó de acompañar esa expansión. Varias compañías que desarrollan software logístico en el país —Unigis y Taging— observan que la demanda del sector avanza con cautela. Las empresas tecnológicas esperan que los operadores logísticos den un salto similar al que se observa en otros mercados de la región, pero ese proceso todavía no termina de materializarse.

El resultado es una situación paradójica: existe una oferta creciente de herramientas digitales que prometen transformar la operación logística, pero gran parte del sector todavía no la considera esencial.

En cada muestra del sector, las empresas de tecnología ocupan lugares destacados buscando seducir a los potenciales clientes. El interés de los operadores está, pero los números no cierran a la hora de invertir.  

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Las desarrolladoras de software logístico amplían su oferta de plataformas y herramientas de gestión.

Para muchos operadores, el costo de implementar sistemas complejos no siempre se traduce en mejoras operativas suficientes como para justificar la inversión.

Tres niveles de adopción tecnológica en la logística argentina

La incorporación de tecnología en la logística argentina no avanza de manera homogénea. El sector muestra una fuerte segmentación en función del tamaño de las empresas, el volumen de operaciones y la capacidad de inversión.

En términos generales, pueden identificarse tres niveles de adopción tecnológica, que van desde operaciones con digitalización básica hasta centros logísticos altamente automatizados.

El primer nivel corresponde aempresas de transporte regional que todavía funcionan con esquemas operativos tradicionales. En estos casos, la tecnología se limita a herramientas básicas como sistemas de facturación, monitoreo satelital de camiones o plataformas simples de gestión de rutas.

Muchas operaciones siguen dependiendo de procesos manuales para la planificación de viajes, la gestión de inventarios o el seguimiento de cargas.

Un segundo nivel está compuesto por empresas que comenzaron a incorporar herramientas digitales para mejorar la eficiencia operativa, aunque sin llegar a automatizar sus operaciones. En este grupo aparecen tecnologías como los sistemas de gestión de almacenes (WMS) o los sistemas de gestión de transporte (TMS).

Este es el escenario donde las empresas como Taging, Unigis y otras buscan instalarse, pero por distintas cuestiones (el contexto económico, la falta de capacitación, el balance entre inversión y beneficios) no terminan de consolidarse.

El tercer nivel corresponde a un grupo reducido de operadores como Mercado Libre, que avanzaron hacia modelos de logística 4.0, donde la tecnología no solo organiza la operación, sino que automatiza gran parte de los procesos.

En estos casos aparecen centros de distribución con sistemas robotizados, clasificadores automáticos, cintas transportadoras inteligentes y software que gestiona el flujo de productos dentro del depósito sin intervención manual.

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Las soluciones tecnológicas prometen mejorar la eficiencia de la logística urbana y la distribución de última milla.

En Argentina, este nivel tecnológico todavía está concentrado en grandes operadores logísticos o empresas vinculadas al comercio electrónico. Se trata de apenas un puñado de grandes firmas que buscan competir no sólo a nivel local, sino alcanzar estándares internacionales.

La presión tecnológica se concentra en la última milla en un escenario adverso

Paradójicamente, uno de los segmentos que más demanda soluciones tecnológicas es también uno de los que encuentra mayores dificultades para incorporarlas: la logística de última milla.

El crecimiento del comercio electrónico elevólas exigencias de velocidad, seguimiento de pedidos y coordinación de entregas en entornos urbanos cada vez más complejos.

El sector muestra una fuerte segmentación en función del tamaño de las empresas, el volumen de operaciones y la capacidad de inversión.

Las empresas que operan en este segmento necesitan herramientas capaces de optimizar rutas, coordinar múltiples entregas en un mismo recorrido y ofrecer información en tiempo real sobre el estado de los envíos. Sin embargo, muchas de estas compañías son operadores medianos o regionales que no consideran esencial el gasto en tecnología.

De esta manera, la última milla se convierte en uno de los eslabones donde la brecha tecnológica resulta más visible. Los clientes demandan trazabilidad y tiempos de entrega cada vez más cortos, pero gran parte de los operadores todavía trabaja con sistemas que no permiten automatizar completamente esas operaciones.

Para el sector logístico, la incorporación de tecnología se ubica en el marco de lo aspiracional, mientras que la esencialidad está enfocada en mantener la rentabilidad y la mejora de procesos puntuales, que no requieran una inversión que muchas veces no rinde lo prometido.

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