Con una estrategia nacional en elaboración, el país busca transformar su abundancia geológica en industria, tecnología y poder de negociación internacional, en un escenario marcado por la transición energética y la competencia entre potencias.
Brasil decidió mover fichas en uno de los tableros más sensibles de la economía mundial. El Gobierno federal puso en marcha el diseño de su Estrategia Nacional de Tierras Raras, un plan destinado a ordenar, impulsar y proteger un conjunto de recursos que hoy resultan clave para la transición energética, la digitalización y la industria de defensa.
La iniciativa apunta a establecer reglas claras, objetivos concretos e instrumentos de política pública para un sector atravesado por intereses económicos, tecnológicos y geopolíticos.
El proceso comenzó con una mesa de trabajo entre el Ministerio de Minas y Energía, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y otras instituciones públicas y financieras.
Con la Estrategia Nacional de Tierras Raras, Brasil busca evitar un modelo basado exclusivamente en la venta de materias primas. El objetivo declarado es utilizar esos recursos como palanca para la industrialización, la innovación tecnológica y la generación de empleo calificado.
El objetivo es construir un documento integral que permita coordinar decisiones de inversión, desarrollo industrial y gobernanza, en un contexto donde la seguridad de suministro de minerales críticos se volvió una prioridad para las principales economías del mundo.
Un potencial geológico subexplotado en Brasil
Brasil parte de una ventaja difícil de ignorar. De acuerdo con estimaciones internacionales, el país posee las segundas mayores reservas de tierras raras del planeta, solo detrás de China.
Sin embargo, gran parte de esos recursos permanece sin explorar o sin desarrollar, lo que limita su inserción efectiva en las cadenas globales de valor.
La paradoja es clara: mientras el territorio brasileño concentra una enorme riqueza mineral, el país aún no logró traducir ese potencial en una industria robusta de procesamiento y manufactura avanzada.
Esa brecha es precisamente la que el Gobierno busca cerrar con la nueva estrategia, apostando a un salto cualitativo que vaya más allá de la simple extracción.
Desde el área de Geología y Minería, las autoridades subrayan que el desafío no es solo productivo, sino también tecnológico y soberano.
Agregar valor y reducir dependencias
Uno de los ejes centrales del plan será el fortalecimiento de la industria local de procesamiento de minerales críticos. La intención oficial es que Brasil deje de ocupar un rol periférico en la cadena y pueda capturar una mayor porción del valor agregado antes de exportar.
Para ello, la estrategia buscará incentivar la inversión privada, desarrollar capacidades tecnológicas propias y crear un marco regulatorio que dé previsibilidad a proyectos de largo plazo.

Al mismo tiempo, se incorporarán criterios de sostenibilidad ambiental y social, un aspecto clave en un sector cada vez más observado por su impacto territorial.
El documento en elaboración también apunta a mitigar riesgos en las cadenas globales de suministro, hoy concentradas en pocos países. La experiencia reciente mostró cómo interrupciones geopolíticas o comerciales pueden afectar industrias enteras, desde la electromovilidad hasta la generación de energía renovable.
Tierras raras, insumo clave para la transición energética
Las tierras raras comprenden un grupo de 17 elementos químicos esenciales para la fabricación de imanes permanentes, baterías, turbinas eólicas, vehículos eléctricos, semiconductores y equipamiento militar.

A este conjunto se suman otros minerales críticos como litio, cobalto, níquel, grafito y varios metales estratégicos utilizados en tecnologías de punta.
La demanda de estos insumos crece de manera acelerada, impulsada por la descarbonización de la economía y la expansión de la industria digital.
En ese escenario, asegurar el acceso a suministros confiables se volvió una cuestión de política económica y de seguridad nacional para muchas potencias.
Brasil aspira a posicionarse como un proveedor confiable y, al mismo tiempo, como un actor con capacidad de negociación.
La reciente firma del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur incluyó referencias explícitas a la cooperación en minerales estratégicos, lo que refuerza el interés internacional por los recursos sudamericanos.
Diplomacia minera y alianzas estratégicas
En paralelo al diseño de la estrategia, Brasil intensificó su agenda internacional en materia de minerales críticos. Mantiene conversaciones con Estados Unidos, profundiza vínculos con la Unión Europea y, al mismo tiempo, dialoga con China, su principal socio comercial y líder global en el procesamiento de tierras raras.
El reciente viaje del ministro de Minas y Energía, Alexandre Silveira, al gigante asiático se inscribe en esa lógica. Allí mantuvo reuniones con empresas interesadas en proyectos vinculados a energía nuclear, almacenamiento con baterías y desarrollo de minerales estratégicos, un combo que refleja la convergencia entre energía y recursos naturales.





