Proyecciones internacionales advierten que el desarrollo de infraestructuras digitales y la automatización ampliarán de forma sostenida el uso del metal en las próximas décadas.

La demanda de minerales críticos está lejos de desacelerar. El cobre aparece como un insumo clave para los desarrollos vinculados a la inteligencia artificial y electromovilidad. En ese marco, proyecciones privadas auguran un crecimiento sostenido del mercado asociado al metal.

Un análisis reciente de S&P Global plantea que, hacia 2040, la demanda global del cobre podría incrementarse en torno al 50%, impulsada por sectores como la defensa y la robótica. El informe advierte que esta dinámica tensionará tanto la capacidad extractiva como los sistemas de reciclaje existentes, en un contexto donde los tiempos de desarrollo minero siguen siendo prolongados.

El documento de S&P Global identifica al sector de defensa como otro factor de peso.

Uno de los focos principales de ese crecimiento se ubica en la infraestructura que sostiene a la IA. Los centros de datos, esenciales para el procesamiento y almacenamiento de grandes volúmenes de información, requieren extensos sistemas de cableado eléctrico y soluciones de refrigeración intensivas en metales conductores.

De acuerdo con las estimaciones de la consultora, el consumo de cobre asociado exclusivamente a estas instalaciones podría duplicarse antes de que termine la presente década, convirtiéndose en un componente relevante del balance global de demanda.

Pricipales focos de demanda para el cobre

La presión no proviene únicamente del ecosistema digital. El documento de S&P Global identifica al sector de defensa como otro factor de peso, en línea con los procesos de modernización militar y el aumento del gasto estratégico en distintos países.

 Equipos electrónicos avanzados, sistemas de comunicación y armamento de última generación incorporan cantidades significativas de cobre, lo que amplía la base de consumo más allá de los usos tradicionales vinculados a la construcción o la energía.

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El crecimiento tecnológico y militar anticipa un salto significativo en el consumo del metal.

En paralelo, la robótica aparece como un demandante estructural en expansión. La automatización industrial, así como la creciente incorporación de robots en aplicaciones domésticas y de servicios, requiere motores eléctricos, sensores y componentes que dependen de este metal.

Este fenómeno refuerza la idea de una demanda más diversificada, menos expuesta a ciclos sectoriales específicos y sostenida por transformaciones tecnológicas de largo plazo.

Frente a este escenario, S&P Global señala la escasez de grandes descubrimientos recientes y subraya que los procesos de permisos y desarrollo de nuevos proyectos pueden extenderse por más de 15 años. Esta rigidez limita la capacidad de respuesta de la producción primaria ante un aumento rápido del consumo, incrementando el riesgo de déficits estructurales en el mercado.

El reciclaje emerge como una variable crítica para equilibrar el sistema. Según el análisis, las tasas actuales de recuperación de cobre resultan insuficientes para compensar la brecha proyectada entre oferta y demanda. Mejorar la eficiencia y la escala del reciclado será una condición necesaria, aunque no suficiente, para aliviar la presión sobre la extracción minera.

El precio al alza

El mercado del cobre reflejó en las últimas semanas un renovado interés de los inversores, con una tendencia alcista sostenida en la Bolsa de Metales de Londres. El contrato de referencia a tres meses avanzó en torno al 1,8% en una sola rueda y se encaminó a su cuarta semana consecutiva de subas.

Ese movimiento llevó al metal a marcar valores históricamente elevados, luego de haber alcanzado un máximo por encima de los US$13.300 por tonelada. En el acumulado anual, el cobre registró un incremento cercano al 42%, el mayor desde 2009, impulsado, precisamente, por las apuestas vinculadas al desarrollo de la inteligencia artificial, la transición energética y la necesidad de infraestructura eléctrica a gran escala.

La dinámica de precios también comenzó a influir en las estrategias corporativas del sector minero. Las conversaciones iniciales entre Rio Tinto y Glencore, así como la fusión pendiente entre Anglo American y Teck Resources, fueron interpretadas por el mercado como señales de un proceso de consolidación orientado a asegurar exposición a activos cupríferos dada la mayor competencia por el suministro.

El comportamiento del cobre se dio, además, en un contexto de subas generalizadas en otros metales básicos. El aluminio alcanzó su nivel más alto desde 2022, mientras que zinc, plomo, estaño y níquel mostraron avances moderados.

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