Con inversiones que alcanzan los USD 7.510 millones , el sector ha dejado atrás la era de los anuncios abstractos para entrar, finalmente, en una fase de ejecución concreta en territorio. Equipos en campo, caminos abiertos en alta montaña y plantas industriales en montaje marcan un punto de inflexión que ha logrado erosionar dogmas históricos.
Durante décadas, la minería argentina fue sinónimo de potencial frustrado. La geología siempre estuvo allí, pero faltó estabilidad macroeconómica y reglas previsibles. En 2026, ese ciclo comienza a cerrarse: el sector llega a este año tras haber superado los USD 5.900 millones en exportaciones, consolidándose como el tercer generador neto de divisas del país.
El punto de quiebre tiene nombre propio: el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Este marco no descubrió nuevos yacimientos, pero resolvió el problema del costo del capital en un país de alto riesgo.
Con estabilidad tributaria y blindaje jurídico, proyectos que llevaban años empantanados han comenzado a mover suelos, transformando regiones enteras de la Puna y la Cordillera.
Litio y Cobre: Los motores de la nueva matriz
El litio es el ejemplo más visible de este ciclo. Argentina se encamina a producir 260.000 toneladas de Carbonato de Litio Equivalente, consolidándose como el tercer productor mundial. Pero si el litio explica la urgencia del corto plazo, el cobre define el horizonte de las próximas cinco décadas.
Con la minería superando los 115.000 empleos directos e indirectos, el principal cuello de botella ya no es el capital ni la geología, sino las personas.
En San Juan y Salta se ejecutan hoy las mayores obras de infraestructura privada del país. La alianza entre BHP y Lundin para desarrollar Josemaría y Filo del Sol, junto a la reactivación de Bajo de la Alumbrera por parte de Glencore, colocan al país en la liga mayor.
En este escenario, el proyecto Carbonatos Profundos (DCP) en Gualcamayo, San Juan, se erige como un hito de innovación. Con una inversión de USD 660 millones, Minas Argentinas (Aisa Group) ha decidido ir mil metros bajo tierra para buscar oro atrapado en rocas refractarias.
Para liberar este recurso, la compañía construye una planta de Oxidación a Presión (POX), una tecnología inédita en Sudamérica. Pero el futuro no es solo químico: la mina será operada mediante equipos autónomos controlados desde la superficie.

«Ya no es necesario tener un operario a mil metros de profundidad; la tecnología POX es la llave química y la autonomía es la garantía de seguridad», señalan desde la operadora.
La paradoja de los minerales industriales
Sin embargo, el optimismo de los grandes proyectos metalíferos contrasta con la realidad de la minería de «segunda y tercera categoría«. El sector de la cal, la arena y la piedra inicia el 2026 en una posición compleja, aún golpeado por la parálisis de la obra pública y la merma en la construcción civil.
Aunque minerales como la cal y las arenas silíceas han encontrado refugio en la cadena de valor del litio y Vaca Muerta, el grueso del sector depende de la infraestructura. La expectativa hoy no es estatal, sino que los mega-proyectos de cobre traccionen la inversión necesaria para construir accesos y plantas, convirtiéndose en el cliente que los áridos necesitan para volver a despegar.
El mapa provincial muestra realidades heterogéneas. Mientras Mendoza rompe veinte años de parálisis reactivando la exploración de cobre bajo un nuevo pragmatismo económico, Santa Cruz enfrenta la madurez de sus yacimientos de oro y plata.
El gobernador santacruceño, ha sido enfático en reclamar contra las asimetrías fiscales que castigan a la minería de plata, advirtiendo que sin incentivos para la exploración, la vida útil de las minas se agota.
El RIGI no inventó el litio, pero resolvió el problema que hizo inviables los proyectos por décadas, como el costo del capital.
En el centro de la escena legislativa, la Ley de Glaciares sigue siendo el principal límite estructural. El proyecto de reforma que busca precisar el concepto de «ambiente periglacial» y devolver protagonismo a las provincias ha encendido un debate sensible en el Senado.

«Buscamos un marco que proteja donde hay función hídrica comprobada, no sobre definiciones ambiguas que paralizan inversiones», sostienen desde el Ejecutivo nacional, mientras la oposición amenaza con judicializar cualquier cambio que consideren un retroceso ambiental.
Con la minería superando los 115.000 empleos directos e indirectos, el principal cuello de botella ya no es el capital ni la geología, sino las personas. La Cordillera demanda talento técnicos, mecánicos, químicos a un ritmo que el sistema educativo no logra acompañar.
El 2026 marca el momento en que Argentina dejó de hablar de minería y empezó a ejercerla. La pregunta que queda abierta es si el país será capaz de sostener las reglas, administrar las tensiones ambientales y formar a su gente cuando los miles de millones ya estén enterrados bajo la montaña.





