El acercamiento entre dos gigantes del sector no solo apunta a crear un líder mundial, sino que también concentra bajo una misma estrategia algunos de los proyectos de litio y cobre más relevantes del país.

El regreso de las conversaciones entre la anglo-australiana Rio Tinto y la suiza Glencore volvió a sacudir al sector minero internacional.

El eventual acuerdo, que podría dar lugar a la mayor compañía minera del mundo con una valuación superior a los 200.000 millones de dólares, tiene implicancias que van mucho más allá de la disputa por el liderazgo global.

Rio Tinto tiene plazo hasta el 5 de febrero para confirmar si avanzará con una oferta formal o si se retirará de las negociaciones por al menos seis meses.

Para la Argentina, donde ambas empresas concentran proyectos estratégicos de litio y cobre, la operación podría redefinir el ritmo y la escala de inversiones clave para la próxima década.

Las compañías confirmaron que mantienen diálogos para evaluar distintas formas de combinación de negocios, incluyendo una eventual adquisición totalmente en acciones.

Se trata de un segundo intento, luego de que negociaciones similares fracasaran en 2024 por desacuerdos en la valuación.

Esta vez, sin embargo, el contexto es diferente: el precio del cobre opera cerca de máximos históricos, la transición energética acelera la demanda de minerales críticos y América Latina vuelve a ganar centralidad en los planes de expansión de las grandes mineras.

Un acuerdo global con impacto local

Desde una mirada estrictamente internacional, la fusión sería la mayor operación de la historia del sector y permitiría crear un nuevo coloso capaz de competir de igual a igual con BHP Group.

Pero para la Argentina, el dato central es otro: Rio Tinto y Glencore son protagonistas de algunos de los desarrollos mineros más relevantes del país, tanto en litio como en cobre.

En el caso de Rio Tinto, la compañía consolidó en los últimos años una presencia creciente en el norte argentino.

la alumbrera
El mes pasado, Glencore anunció la reactivación de la mina de cobre Bajo de la Alumbrera, en Catamarca.

En Salta avanza con el proyecto Rincón, una de las apuestas más ambiciosas del litio local, que cuenta con el respaldo del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Con una inversión estimada en 2.700 millones de dólares, el emprendimiento apunta a producir alrededor de 60.000 toneladas anuales de carbonato de litio, un volumen que lo ubicaría entre los más importantes de la región.

A esto se suma la participación de la empresa en Olaroz, en Jujuy, donde la actividad ya se encuentra en una etapa avanzada, y su involucramiento en los proyectos Fénix y Sal de Vida, en el Salar del Hombre Muerto, en Catamarca.

Glencore y el regreso del cobre argentino

Glencore, por su parte, tiene una impronta distinta pero igualmente decisiva para el país. El mes pasado anunció la reactivación de la mina de cobre Bajo de la Alumbrera, en Catamarca, una operación emblemática que había sido cerrada en 2018 y que representó durante años el corazón de la producción cuprífera nacional.

El regreso de esta actividad no solo implica volver a poner en marcha infraestructura existente, sino también recuperar capacidades técnicas y empleo especializado.

Además, la compañía mantiene en carpeta inversiones por unos 3.800 millones de dólares en el proyecto Agua Rica, también en Catamarca, que busca integrarse con la infraestructura de Alumbrera.

A esto se agregan los planes para El Pachón, en San Juan, con desembolsos estimados en 9.500 millones de dólares, uno de los mayores proyectos de cobre sin desarrollar del país.

Una eventual fusión colocaría a todos estos activos bajo una misma estrategia corporativa, con capacidad financiera y operativa ampliada.

Cobre, litio y una ventana estratégica

El momento en que se retoman las conversaciones no es casual. El cobre superó recientemente los 13.000 dólares por tonelada, impulsado por interrupciones productivas, tensiones geopolíticas y expectativas de mayor demanda asociada a la electrificación.

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El desarrollo del litio podría verse afectado por la fusión de los gigantes mineros globales.

Este escenario refuerza el atractivo de los activos sudamericanos, donde la Argentina busca posicionarse como un proveedor confiable de largo plazo.

Para Rio Tinto, un acuerdo con Glencore significaría ampliar de manera sustancial su producción de cobre y reducir su dependencia del mineral de hierro, un mercado con perspectivas más inciertas a medida que se desacelera el ciclo de construcción en China.

Para Glencore, en tanto, la operación podría darle mayor escala y respaldo financiero a su estrategia de casi duplicar la producción de cobre en la próxima década, tal como viene señalando su director ejecutivo, Gary Nagle.

Bajo las reglas de adquisiciones del Reino Unido, Rio Tinto tiene plazo hasta el 5 de febrero para confirmar si avanzará con una oferta formal o si se retirará de las negociaciones por al menos seis meses. Hasta entonces, el mercado seguirá de cerca cada señal.

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